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El viaje de Orlando
El Orlando Loco forma parte de un extenso ciclo que encontró en Italia, desde el período de las cortes hasta después del Renacimiento, unos oyentes atentos que amaban "navegar" con los ojos cerrados en pos de las infinitas aventuras de Orlando. Estas infinitas canciones de gesta han hallado su terreno ideal en el teatro de marionetas y se han establecido finalmente en el teatro de los pupi (los títeres sicilianos). Actualmente, son escasas las ocasiones en que se lleva a escena La Pazzia di Orlando (La locura de Orlando) debido a su dificultad técnica y por la ausencia de artistas capaces de realizarla. Honestamente, oír hablar a Orlando en inglés o americano (con acento texano o galés) puede suscitar cierta irritación si se desconoce que son muchas y valiosas las traducciones inglesas de nuestros textos carolingios, por no hablar del ciclo artúrico. Evidentemente, podemos disentir si nos referimos a una tradición popular siciliana (sic) que se ha transferido a otros lugares y, por tanto, ha perdido sus raíces. En nuestro caso, hemos elegido otro recorrido para justificar este trabajo. ¿No es verdad que los orígenes del texto son en francés, en alemán, en inglés y, por ende, en italiano? ¿Que los romanceros, troubadores, cantastorie, cantadores y trovatori no se expresaban en su idioma? Y por lo que se refiere a los autores de los ciclos, desde el carolingio hasta al artúrico, ¿no es cierto que escribían en alemán, francés, italiano e inglés? Y en cuanto a los pupi, ¿no eran belgas, españoles, franceses, napolitanos, del Lacio, calabreses, pulleses y, con el transcurrir del tiempo, exclusivamente sicilianos? ¿Y qué decir cuando incluso en Sicilia se estaban extinguiendo y sólo gracias al coraje de poquísimas personas estamos asistiendo a un renacimiento casi milagroso? Hoy en día, esta New Age iniciada por Pasqualino di Roma, proseguida por Sanicola en Monreale y en Milán y siempre con el apoyo de Felice Cammarata, ha hecho cambiar de opinión incluso a quienes siempre habían dado por muerto el teatro de los pupi. Orlando habla inglés, francés, alemán e italiano porque desea reafirmar su contemporaneidad. Su mensaje teatral ha superado el espíritu del actor que entra en la marioneta para convertirse en una sola alma. En la actualidad, es el pupo quien desempeña el papel de protagonista puesto que logra "hacerse" animado y humano. En cuanto se levanta el telón, dentro de su armazón, el corazón bombea sangre a gran velocidad. Orlando no se ha cansado de hablar italiano, el denominado italiano de Camilleri usurpado a los pupari (titiriteros). Proveniente de Sutri del Lacio o de la corte del Rey Carlos en París, Orlando en su largo viaje, no sólo a través de Europa sino del Próximo y Lejano Oriente, pasando por África, hablaba evidentemente el árabe, y nosotros añadimos asimismo el francés, el inglés y el alemán. E incluso encontramos sus huellas en Brasil, en el sertão donde los cantadores contaban, hasta el siglo XIX, historias relacionadas con la batalla de Oliveiros transformando a los paladines en cangaceiros en La Historia do Imperador Carlos Magno y de los Doze Pares de Franca. Un Orlando europeo o mejor universal. El viaje de Orlando es justamente aquel realizado por el Primer Paladín, que enloqueció de amor por Angélica, aunque a su locura contribuyó abundantemente un mundo “anómalo” en que los caballeros y la cortesía existían porque en el otro lado estaba la violencia y la intolerancia. Y Orlando no soportó todo esto. La presencia de una mujer ha sido la gota que ha colmado el vaso. Nuestra versión pretende ser asimismo un texto común y universal porque creemos que la única cosa que tenemos en común es esta poesía. Desde España a Bohemia, el ciclo épico carolingio es una casa cultural común. Proponerlo a través del teatro de los pupi en este contexto privado es, al mismo tiempo, un regreso al futuro en el que creemos firmemente, pues parece ser que, justo en este tipo de contexto, en el siglo XVIII floreció y se consolidó el teatro de los pupi. Gracias a mecenas que abrían sus casas a artistas deseosos de narrar a un público atento y preparado las maravillosas historias de Orlando y Angélica.
El Pupo y sus Hilos
La estructura del pupo siciliano encuentra sus orígenes en la marioneta clásica europea, pero a diferencia de ésta, movida desde arriba mediante largos hilos, el pupo palermitano se acciona principalmente a partir de dos hierros, uno que atraviesa la cabeza y el otro que engancha el puño derecho. La presencia de ambos hierros es indispensable debido a la misma forma del pupo; de hecho, dichos hierros desplazan poco a poco la acción y le confieren una progresión rítmica. Son cuatro los hilos de los que se sirven para moverles la mano izquierda, para hacerles desenvainar la espada, para que puedan levantarse o bajarse la visera, para ponerlos de rodillas. Los armazones son de latón o de alpaca con adornos en cobre: el cuerpo está compuesto por nueve piezas (mano y puño o manos dobles, muslos, piernas, pies, busto) ensambladas entre ellas para acabar formando el cuerpo entero. Cada constructor dispone de una serie de modelos que le sirven como base para la construcción de los armazones; estos modelos son diseñados por él mismo sobre una plancha de metal, a partir de la cual se recortan, se moldean, se soldan, se adornan con arabescos y, por fin, se montan. El titiritero manipula sus personajes desde la parte posterior de los bastidores, con los pies apoyados en el
mismo nivel sobre el que se apoyan los pupi. En la escena, los personajes buenos salen por la izquierda, desde el punto de vista del público, y por la derecha, algunos personajes secundarios y los malos.




El teatro de los pupi de O. Sanicola pertenecía a los Cacioppo, que iniciaron su actividad en las postrimerías de 1800.
Retomemos nuevamente la locura de Orlando, o todavía mejor, y como se conoce entre los italianos, al Orlando Loco. En este período, donde los locos ya no existen, el titiritero encuentra serias dificultades para moverse. ¿Con quién se puede parangonar el Orlando loco? Nuestro loco tiene carácter, no busca justificaciones en lejanas problemáticas infantiles, ni ha sufrido los “empujones” de una sociedad cruel. Por tanto, el nuestro es un “elogio a la locura”, no sólo porque sea hija del amor. Ahora, sigamos a Orlando desde el momento en que abandona la corte de Carlomagno e inicia este maravilloso periplo siguiendo las huellas de Angélica. Y no es suficiente un mítico duelo con el primo-rival de siempre, aquel Reinaldo que ama/odia a Angélica. Debe asimismo afrontar a Agricán, quien, además de responder a los golpes de Durlindana con Trinchera, debe soportar el “sermón” de Orlando en torno a la fe y el amor platónico. Y él, que al principio era un bruto soldado habituado a “abusar” de las mujeres, al final descubre la fe y el amor … El viaje continúa dentro de un sueño donde Orlando se ve finalmente como paladín al lado de Angélica, pero el despertar es duro: Angélica ama a Medoro y a él no le queda más que la “locura de amor”. Como es sabido, le corresponderá a Astolfo ir a la Luna y, entre ampollas y frascos, mientras San Juan Evangelista hace de guía, devolver el juicio a Orlando. Como es habitual, todo se lleva a cabo sin pedir la aprobación del “loco”… ¿y si hubiese preferido seguir loco? En el Teatro de los Pupi, la Locura de Orlando era tan importante en Roncesvalles como en el Tres contra Tres en Lampedusa. No participar en estas tres noches mágicas significaba una traición. Cada titiritero desembocaba en el tema de la locura de Orlando siguiendo las adversidades de Isabel y Zerbino, de Doralice y Rodomonte. No obstante, cuando Orlando descubría que él no era Medoro, entonces se producía aquello que Ariosto ha denominado “El Orlando Furioso”. Este apelativo no ha entrado nunca en el lenguaje del titiritero. Para el Teatro de los Pupi, ¡Orlando no estaba furioso sino loco! ¿Cómo hacer visible la locura en el Teatro de los Pupi? Cualquier teatro que se respete cuenta por lo menos con cuatro Orlandos: uno de trabajo, uno de reserva, uno desnudo loco y otro que se rinde y deja las armas. Tomando en consideración que el armazón de un pupo está ensamblado para resistir las continuas batallas, podremos darnos cuenta de que para conseguir que deje las armas hace falta arte y maestría. Puede ocurrir que yendo al Teatro de los Pupi y, no siendo del lugar, nos veamos envueltos entre el público y los componentes de la escena, confundidos entre los trabajadores, los titiriteros, los cantadores y los cuentistas, los tamborileros, un tocador de pianola y de acordeón. Nos pedirán que les echemos una mano para ordenar los bancos, los carteles, las escenas, los pupi, los hilos y las espadas. Mientras tanto, se irán uniendo otras personas, y así, será suficiente que alguien pregunte cómo se llamaba la espada de Agricán o la de Turpín, para que el cuentista narre en seguida las cualidades de quien poseía esa espada, el cantador cantará el duelo entre Orlando y Agricán, mientras el titiritero sacará los pupi para ir colocándolos en la escena, explicando por qué han llegado a enfrentarse en un duelo. Y el titiritero, desde la sala, mientras siga hablando, subirá al palco y en ese momento justo de la historia levantará el pequeño telón y hará hablar a los pupi, los cuales proseguirán con la narración interpretando el episodio que estaba previsto en cartel. La pianola acompañará la batalla, el cantador animará los intermedios, el titiritero dará vida a los pupi y el aprendiz le ayudará. De esta forma empieza la representación. Durante toda la función, vemos una sucesión de escenas jamás antes vistas: los pupi de madera con sangre en las venas, espadas que cercenan cabezas y cuerpos fabricados apropiadamente en madera de haya y cobre. Y cuando oigamos a Carlomagno decir: "... y con este cielo sereno, ¡os damos Señores las buenas noches!", suspiraremos aliviados porque el tiempo ha volado con un ritmo endiablado. Después intentaremos salir porque al final todos normalmente salen; sin embargo, en el Teatro de los Pupi, entre Moscatel de Marsala y vino generoso de Pantelleria, entre cassate y cannoli, la representación continúa, porque siempre hay alguien que desea saber lo que le ocurre después a Angélica. Será el cantador quien responda, porque el titiritero tendrá que reparar por lo menos treinta pupi tras la batalla. De esta forma, es posible que nos encontremos con el profesor que habla de los clásicos, el experto en tradiciones populares que intenta descifrar el fenómeno, la pareja que sabe todo sobre Ariosto o el jubilado que conoce de memoria Boyardo y la Divina Comedia.